Trabajar con la luna
noviembre 24, 2025
Claire Duval
Soy autora de tarots, oráculos, Petit Lenormand y apasionada de la cartomancia. Comparto contigo mi trabajo y mi pasión.
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Cómo trabajar con la Luna: una práctica simple, encarnada y mágica
Antes de los rituales, los libros y las correspondencias, hay un gesto muy simple: levantar los ojos hacia el cielo. Aquí te muestro cómo construir una relación viva con la Luna, fase tras fase.
A menudo empezamos a «trabajar con la Luna» abriendo un libro de magia, un almanaque o una página web que enumera lo que «debemos» hacer en la luna nueva, la luna llena, en luna creciente o menguante.
Es interesante… pero si nos quedamos ahí, permanecemos en la mente. La Luna se convierte en un concepto, una lista de instrucciones, en lugar de ser una presencia, una aliada, un ritmo que atraviesa nuestro cuerpo y vida.
1. Empezar por lo más simple: observar la Luna
Antes de los rituales, las lecturas, los inciensos y los cristales, hay un gesto fundacional: levantar los ojos hacia el cielo. Es lo que nuestros ancestros hicieron durante generaciones, mucho antes de escribir grimorios.
Sal afuera o mira por la ventana. ¿Dónde está en el cielo? ¿Alta, baja, escondida detrás de un edificio, posada sobre la línea de las montañas? Repite este gesto varias noches seguidas y observa su movimiento.
¿Es muy blanca, dorada, ligeramente anaranjada? ¿Su luz es dura y cortante, o suave y vaporosa? Nota lo que te atrae o te perturba.
Elige una noche por semana para decirle: «Esta noche, vengo a verte.» Cinco minutos son suficientes. La idea es crear una cita regular, no «hacer algo complicado.»
Después de unas semanas, ya no miras el cielo de la misma manera. Empiezas a sentir que la Luna no es un concepto abstracto, sino un movimiento regular que te acompaña.
2. Escuchar la Luna en tu cuerpo
La Luna influye en las mareas, y por lo tanto en las grandes masas de agua. Nosotros mismos estamos hechos en gran parte de agua. Sin intentar «probar» nada, puedes simplemente observar lo que sucede en ti a lo largo de los ciclos.
Cada dos o tres días, anota rápidamente: «Me siento cansado/a / eléctrico/a / alegre / a flor de piel / neutral…» No necesitas desarrollar, una o dos palabras son suficientes.
Después de unas semanas, compara tus notas con las fases de la Luna. Quizás notes que duermes menos bien en luna llena, o que estás más introspectivo/a en luna nueva.
No es una ciencia exacta, es una conversación. No buscas una regla, buscas patrones, tendencias, repeticiones que te ayuden a conocerte mejor.
Si aún no sigues el ciclo lunar, empieza por notar esos momentos en que dices: «Estoy extrañamente irritado/a hoy» o «Me siento cargado/a de emociones.» Luego verifica: ¿es luna llena? Anótalo, sin juicio.
3. Dar nombres y poesía a la Luna
En muchas culturas, cada luna llena lleva un nombre poético: Luna de Nieve, Luna de Cosecha, Luna de Flores… Son formas de conectar el cielo con las estaciones, las cosechas, la vida cotidiana.
Puedes inspirarte en tradiciones existentes, pero también puedes inventar tus propios nombres según lo que estés viviendo. Por ejemplo:
- «Luna de grandes cambios»
- «Luna del coraje tranquilo»
- «Luna donde todo cambia»
En cada luna llena, pregúntate: «Si tuviera que dar un nombre al período que estoy atravesando, ¿cuál sería?» Anota este nombre en tu diario, con algunas palabras sobre lo que estás viviendo.
4. Comprender la «danza» entre el Sol y la Luna
Un poco de astronomía hace la magia más concreta. Cuando miras la luz sobre la Luna, en realidad estás viendo el reflejo de la luz solar. Las fases son el resultado de una danza de tres: Sol, Tierra, Luna.
Sin entrar en detalles técnicos, recuerda esto:
- En luna nueva, la Luna está del mismo lado que el Sol: no vemos casi nada, es la noche oscura.
- En luna llena, está opuesta al Sol: su disco está totalmente iluminado desde nuestro punto de vista.
- Entre ambas, la luz crece y luego decrece: es el ciclo completo, que dura aproximadamente 29,5 días.
Saber esto te permite no vivir el ciclo como algo «mágico» en sentido vago, sino como una realidad física, sobre la cual puedes apoyarte para hacer un trabajo simbólico, psíquico y espiritual.
5. Usar las fases de la Luna para tu trabajo interior
A menudo encontrarás listas prefabricadas del tipo: «en luna nueva, haz esto, en luna llena, haz aquello…» Es una base, pero lo esencial es comprender lo que estas fases representan para ti.
La Luna está oscura o casi invisible. Simbólicamente, es el reino del inconsciente, los miedos, las zonas de sombra, las cosas que aún no comprendemos.
Práctica: anota tus sentimientos, sueños, intuiciones. No intentes analizar. Estás en el espacio del «yo siento.»
La luz aumenta cada noche. Es un hermoso período para establecer intenciones, deseos, proyectos que necesitan ganar impulso.
Práctica: escribe de 1 a 3 intenciones claras. Imagina que la luz creciente acompaña su activación.
La Luna está llena, todo está iluminado. Las emociones suelen ser más fuertes, a veces explosivas: es cuando «el hombre lobo interior» puede manifestarse.
Práctica: relee tus sentimientos de la luna nueva. ¿Qué se ha iluminado? ¿Qué has comprendido sobre ti? Es el momento del trabajo consciente con la sombra.
Puedes usar el ciclo así: luna nueva = siento y acojo, luna llena = analizo y comprendo. La Luna te da un ritmo para explorar tus miedos, zonas de sombra, reacciones automáticas, sin perderte en ellas.
6. Crear tu diario lunar personal
Una de las herramientas más simples y poderosas para trabajar con la Luna es un diario dedicado. No necesita ser perfecto o «digno de Instagram»: debe ser principalmente honesto.
¿Qué anotar en él?
- La fecha y fase de la Luna (nueva, creciente, llena, menguante).
- Tu estado general: energía, humor, sueño, emociones fuertes.
- Los eventos significativos del período.
- Las intenciones establecidas, los deseos formulados, los rituales eventuales.
- Las tomas de conciencia, especialmente alrededor de la luna llena.
Después de algunos ciclos, verás aparecer tus propios patrones. Ahí es donde realmente comienza la magia: cuando dejas de copiar correspondencias prefabricadas y descubres cómo tú, tú mismo/a, danzas con la Luna.
7. Permanecer en una magia viva, no en el rendimiento
Trabajar con la Luna no es un concurso de rituales perfectamente ejecutados. Es una relación. A veces, seguirás todas las fases, anotarás todo. A veces «te perderás» una luna llena porque la vida está ocupada. No pasa nada.
Lo esencial es mantener este hilo vivo:
- Mirar el cielo cuando pienses en ello.
- Escuchar lo que tu cuerpo te cuenta.
- Añadir un poco de poesía a lo que atraviesas.
- Usar las fases como puntos de referencia, no como obligaciones.
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